27 marzo, 2011

ELSA OESTERHELD HOMENAJEADA POR LA CÁMPORA


El 26 de marzo Elsa Osterheld visitó a los compañeros de La Cámpora en el local de Mataderos, con motivo de conmemorar un nuevo aniversario del 24 de marzo y homenajearla por el compromiso social que asumió como una de las mujeres que más resistieron al calvario que significó como madre, abuela y esposa de desaparecidos por la última dictadura cívico militar en Argentina.



La charla fue organizada por el grupo de mujeres de La Cámpora Mataderos, con el objetivo de reivindicar la lucha de las mujeres a lo largo de la historia, no habiendo lucha más digna como la de los pañuelos blancos durante aquellos años de horror.



En el panel estuvieron Elsa Oesterheld (madre de Plaza de Mayo y esposa de Héctor Ostertheld, militante desaparecido y conocido por ser el autor del Eternauta), Jorge Giles (ex detenido, militante y periodista) y "Yeni" Amaya (ex detenida, referente de Kolina en la Ciudad de Buenos Aires y vicejefa de gabinete de la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner).



El local se llenó de vecinos y compañeros que pudieron disfrutar del testimonio y reflexiones de cada uno de los panelistas.



Durante el encuentro, los panelistas reivindicaron la lucha y el rol de la mujer dentro de la militancia y la historia y reflexionaron sobre las políticas de derechos humanos implementadas desde el año 2003. No sólo las referidas a nuestros compañeros desaparecidos, sino también la de los derechos sociales gracias a los que los argentinos somos cada día más dignos y felices, como la Asignación Universal por hijo, los 5 millones de nuevos puestos de trabajo, la Ley de medios de la Democracia, el Matrimonio igualitario y todas la medidas inclusivas tomadas por este Proyecto fundado por Néstor Kirchner en el 2003 y profundizado desde el 2007 por nuestra Presidenta Cristina Fernández.



Con todo el respeto, amor y admiración a la historia de vida y lucha de Elsa Osterthel, en homenaje al eterno ejemplo de nuestros 30.000 compañeros y de todas las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo que nos enseñaron a nunca abandonar la lucha para que nuestro pueblo siempre tenga memoria, verdad y justicia, decimos: Acá estamos. Volvimos y nos hacemos cargo de escribir la nueva historia y seguir construyendo una patria más igualitaria, justa, libre y soberana. Nunca Menos.






25 marzo, 2011

CHARLA y PEÑA de la MEMORIA con VERDAD y JUSTICIA

DIA DE LA MEMORIA

Sería el primer 24 de Marzo sin él. Pero un sol brillante y resplandeciente anticipaba la escena. Hombres y Mujeres, de todas las edades. Miles y miles de nosotros. Hombres y Mujeres comunes. Confundidos en la multitud. Una multitud que no muestra tristeza, no transita con la cabeza baja, como vencida de tanto dolor. No recorre resignada esas calles. Y la Plaza, ya no tiene su pesar, ni su pirámide parece Gris. Aquellos pañuelos blancos, se ven más blancos, más fuertes y firmes que nunca...


Era la Democracia en su auténtico esplendor. Democracia Popular. Él la reinventó. Para nosotros.


Para los que somos hijos de éste siglo. Que nacimos y crecimos en Democracia; para aquellos que la sufrieron, cuando creyeron en ella. Y para tantos y tantos otros que vivieron sin ella. Y crecieron rodeados de Falcón verdes, o fueron la resistencia. Para los que vivieron la democracia y los Golpes de Estado, pero que nunca alcanzaron un trabajo lo suficientemente digno; y hoy, pueden jubilarse, y sus hijos pueden trabajar y sus nietos estudiar. Todo Gracias a esta Democracia Popular.


Así fue este 24 de Marzo.


En la Plaza estaban todos: los mismos que hace 35 años volvieron a las calles a reclamar Memoria, Verdad y Justicia. Los que crecieron al calor de los 90 pero que entendían el reclamo y el dolor de tantos y lo volvieron como propio. Y también estaban los nacidos al calor de este nuevo siglo, LA GENERACIÓN DEL BICENTENARIO.


A todos ellos: él nos marcó el camino. Abrió la puerta. Dio todo de sí, para que podamos avanzar.


Nos dio la vida.


Ella nos enseña a caminar. Nos deja crecer. Con seguridad y convencidos de cada paso que damos hacia delante. Nos permite ser, pero nos enseña de responsabilidad. Nos muestra el valor del compromiso, la convicción, el amor y la pasión. Nos enseña a superar las adversidades pero a crecer felices de pertenecer, de nuestra identidad.


Y la Plaza del 24 de éste año 2011 lo demostró.


La alegría, la mística, la fortaleza, la unión y la solidaridad ganaron las calles. Nuestras columnas, engrosadas como nunca, con tantos que antes no se animaban, y que hoy deciden ser parte de la Historia.


La Militancia volvió a recuperar lo que años atrás habían intentado extirparle mediante el exterminio. Volvió a las calles, identificada plenamente con un proyecto que consideran como propio, gritándolo a los cuatro vientos, sabiendo que nada tienen que ocultar. Volvió feliz, de poder cantar con sus compañeros, emocionarse de la alegría o el dolor. Pero sabiendo que tiene la libertad de hacerlo.


En aquella Plaza, TODOS éramos militantes. Militantes políticos, sociales y de todos los colores: MILITANTES DE LA VIDA. Somos hombres y mujeres comunes, con virtudes y defectos. Que entendemos que es imposible la realización de uno sin la realización del otro. De tantos otros.


Nada es posible sin un Pueblo no es feliz.


Somos militantes de la vida, que decidimos dar todo por esto, por éste camino que emprendimos hace 8 años, por éste proyecto. Porque somos parte de esta revolución de la alegría.


Esta gran batalla cultural que estamos dando, día a día, en el barrio y en todos lados, está empezando a mostrar sus frutos. Y éste momento histórico demanda de nosotros estar a la altura de las circunstancias.


Día a día, vamos acercándonos un poco más al cambio irreversible. Por eso, NUNCA MENOS.


Es el punto de partida que tenemos como Pueblo, y no estamos dispuestos a retroceder ni un centímetro de lo conseguido.


El último 24 no marchamos solos. Los 30 mil marcharon con nosotros. Y EL estuvo al frente de la gran columna, junto a Madres y Abuelas.


Siguen más vivos que nunca. Su esencia es la nuestra: Los mismos valores y principios, sus reivindicaciones y sus luchas.


En la Plaza del 24 de Marzo, no marchamos por nuestros mártires, marchamos por nuestros Héroes anónimos.




Porque “el único Héroe válido es el héroe colectivo”.

24 marzo, 2011

24/03 MARCHAMOS PARA CONSOLIDAR UN PAÍS CON MÁS MEMORIA, MÁS VERDAD Y MÁS JUSTICIA.

ESTE 24 DE MARZO MARCHAMOS PARA SEGUIR CONSOLIDANDO UN PAÍS CON MÁS MEMORIA, MÁS VERDAD Y MÁS JUSTICIA.

(NOS ENCONTRAMOS A LAS 14 HORAS EN AV. DE MAYO Y 9 DE JULIO)



23 marzo, 2011

EN LA CIUDAD LOS JOVENES QUIEREN HABLAR



Bajo la consigna “En la ciudad los jóvenes quieren hablar”, ayer durante la tarde el legislador porteño y referente de La Cámpora, Juan Cabandié, organizó un encuentro entre los tres precandidatos a Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires –el Ministro de Economía Amado Boudou, el Ministro de Trabajo Carlos Tomada y el Senador Daniel Filmus- con uno de los principales actores políticos sociales con peso específico propio dentro de la política actual, la juventud militante kirchnerista. El microestadio de Argentinos Juniors se llenó de compañeros y compañeras de distintas organizaciones para demostrar la unificación que existe dentro del espacio que tiene el lujo de contar con tres excelentes precandidatos. El encuentro pone en evidencia la diferencia que prevalece entre los proyectos de país que están en disputa para las elecciones de octubre: “No existe ninguna interna entre nosotros, estamos juntos detrás de un proyecto que encabeza la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y todos vamos a apoyar al candidato que tenga que dar la pelea en la ciudad”, dijo Juan Cabandié mientras todo el panel en el escenario asentía con la cabeza y aplaudía, incluso el Secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, que eligió estar entre el público como un militante más. “Tenemos que tener la madurez necesaria para encolumnarnos detrás del que elija Cristina porque tenemos la oportunidad histórica de ganar la Ciudad de Buenos Aires y la vamos a ganar. Vamos a pedirles una oportunidad a los porteños que quieren ver reconstruidos los 33 hospitales, que no quieren que se caigan más los cielorrasos de los colegios. Y le exigimos al Jefe de Gobierno, si es que no está descansando o de viaje, que ponga fecha a las elecciones", agregó. Ante una oposición desarmada, “Cobos se fue a Catamarca a comerse el chasco de su vida porque Cristina ganó en Catamarca. Y después fuimos a Chubut e hicieron fraude, esa es nuestra oposición” sentenció en un efusivo discurso el Secretario General de La Cámpora, el compañero Andrés “Cuervo” Larroque. "La democracia desde 1983 estaba renga y sólo cuando llegó un militante de la JP de los 70's recuperamos el sentido de la política. Néstor Kirchner tuvo un gesto enorme de renunciamento como habían tenido Evita y Cámpora y le dijo a Cristina: ahora vas vos. Entonces nos dejó conocer al mejor cuadro político desde la mitad del siglo pasado para acá”, dijo Larroque y agregó: "El enemigo no vio venir a esta juventud hasta el 27 de octubre cuando despedimos a Néstor". Y cerró con un mensaje dirigido a Macri diciendo: "No dan la fecha de las elecciones en la Ciudad porque tienen miedo, le tienen miedo a Cristina”. La alegría y la mística, que siempre despliega en los actos la juventud, estuvo presente en toda la jornada, incluso durante la vigilia, cuando dos Dj’s le pusieron el ritmo a los saltos de los miles de jóvenes presentes mientras que una proyección de videos en pantalla gigante mostraban imágenes de las conquistas de este proyecto, así como también de momentos de nuestra historia a las que le decimos “Nunca más”. Cada uno de los candidatos contó con un representante juvenil de las agrupaciones que los apoyan. A la hora de tomar la palabra el mensaje fue claro y unificado:



Hay que recuperar la ciudad de la mano del proyecto nacional. No caben dudas. Esa es la consigna que llevará adelante la militancia del campo nacional y popular.

13 marzo, 2011

LA JUVENTUD PRESENTE EN HURACÁN

El acto del viernes en Parque Patricios fue la presentación pública de la masividad juvenil kirchnerista. Después de la muerte de Néstor y con el murmullo mediático alrededor de La Cámpora, una columna impresionante bajando por la calle Colonia mostró el crecimiento de la militancia y probó, por si hiciera falta, que la relación del gobierno con la juventud es bastante más que discursos de ocasión o buenas intenciones.

Recurriendo a una unidad métrica más cercana a la precisión que a la especulación del deseo, alguien calcula: “Yo vine a Huracán a ver a los Redondos. Habían metido 40.000 personas y estaba al taco”. Pero por lo bajo, aunque importaba saber si el estadio iba a reventar o no, la contabilidad parecía pasar por otro lado. Parados en la esquina de Colonia, viendo cómo bajaba la interminable fila de humanos, la pregunta que se venía macerando en las últimas semanas al fin reflotaba: menos que saber cuántas personas había, lo que importaba era ver cuánto había crecido La Cámpora. Ese parecía el sentimiento más generalizado entre los que pateaban la tórrida tardecita de Parque Patricios. Era la primera vez desde la muerte de Néstor Kirchner que la agrupación participaba de un acto de esta envergadura y los ojos también se posaban ahí: había que demostrar que si estaba de moda hablar mal de ellos en la prensa hegemónica, era porque verdaderamente eran una fuerza política que estaba en condiciones de convocar multitudes juveniles como hacía décadas no pasaba en la Argentina.

Rock de mi país. Ya desde las 12 del mediodía, siete horas antes del horario estipulado para el comienzo del acto, el movimiento en la esquina de Caseros y La Rioja empezó a acelerarse. Uno tras otro, comenzaron a llegar micros desde el interior que hacían la parada técnica en el local que la juventud tiene allí. Bajar, acomodar los palos para las banderas, organizar los flameadores, cargar en el local varios packs de agua mineral y encarar para Caseros y Jujuy, punto de encuentro de la columna que iba a marchar hacia el estadio. En total, cuatro horas de hormiguero y disciplina organizativa en medio de un calor agobiante.

La escena estaba protagonizada por una cantidad de pibes y pibas muy jóvenes, todos con su remerita iconográfica. Veamos: un grupo de tres chicas que bajan de un micro que llega desde la provincia de Buenos Aires, remera Cris Pasión para dos, remera La Cámpora, la tercera. Una pareja camina con un agua mineral cruzando Caseros hasta sentarse a la sombra de un árbol en el parque, él remera negra de La Cámpora universidad, ella una que dice “Locas por Cristina”, llena de colores. Cultura de época, según parece, todos van con las consignas pegadas al cuerpo, como en un gesto doblemente afirmativo de reconocimiento. “Soy kirchnerista, banco al Gobierno y me lo pongo en la remera para que todos lo sepan”, parece decir cada uno de los que nos cruzamos por el barrio.
Sin embargo, si hablamos de iconografías pegadas al cuerpo, el que se lleva más de la mitad de las remeras es el Eternauta con la cara de Néstor, verdadera imagen del año de la militancia joven. Tal vez pocos lo sepan pero esa imagen apareció por primera vez hace exactamente un año como una de las formas (una más) de convocar al acto que para la misma fecha se hacía en Ferro, con Néstor Kirchner como principal orador. Era un afiche blanco con el Néstornauta en negro y a sus pies, con la tipografía clásica de la revista Fierro, decía “Ferro”. Pocos lo vieron, de hecho tuvo una circulación más bien acotada, centralmente en las redes sociales. La imagen estaba destinada a la fama. El 14 de septiembre, cuando se realizó el ya mítico acto de las juventudes políticas kirchneristas en el Luna Park con Néstor aún convaleciente y Cristina como oradora central, el ingenioso diseño se impuso, entre otros candidatos, como marca del acto. Desde el 27 de octubre el Nestornauta es el sello iconográfico indiscutible de una generación de nuevos militantes políticos que no dudan en llevarlo a todos lados, como si fuera un talismán.

Larga marcha.
Ni bien empezamos a transitar la enorme columna de varias cuadras con la que La Cámpora avanza por Colonia rumbo al estadio, lo primero en lo que se piensa es en el dinamismo y la velocidad con la que a veces se dan a los procesos políticos. Y ante la perplejidad que causa ver la multitud de jóvenes que saltan y cantan e inflan sus pechos de mística kirchnerista bajo un sol impiadoso, lo que se busca es una explicación para lo que se está presenciando. Es falso decir que esta explosión de la militancia es consecuencia de la muerte de Kirchner porque la generación espontánea en política no existe y este presente habría que encuadrarlo en un proceso temporalmente más vasto de crecimiento de las organizaciones juveniles; y al mismo tiempo, sería necio no incorporar al análisis de esta masividad inédita el baño de mística que supusieron las jornadas de despedida de Néstor a fines de octubre de 2010. Esto es en tren de ponerse a pensar media hora después de que la columna pasó, porque lo que sucede mientras los miles de chicos caminan impresiona y llama más bien al silencio y a la suspensión del análisis.

“¡Escuchá, escuchá!”, grita uno con remera de la Juventud Sindical y apunta su celular al horizonte. La llegada de esa columna conmueve y se hace inevitable que los que observan de costado lo hagan con una sonrisa y levantando el celular para que del otro lado de la línea alguien reciba un magma de voces colectivas en plena ebullición. “Llegó La Cámpora, señores” y adentro de ese brazo largo hay de todo: murgas, bombos, chicos y chicas con remeras blancas que indican el terruño donde, un buen día, decidieron que había que plantar la semilla de la militancia: La Cámpora Bajo Flores, La Cámpora Caballito, La Cámpora comuna 12, La Cámpora Diversia, brazo militante de aquel fogoso y necesario debate nacido al calor de la Ley de Matrimonio Igualitario. La política, se sabe, tiene actos de habla que parecen resistir el paso del tiempo: ahí están los bombos, la marchita, las alusiones cantadas a Perón. Pero también es una ciencia misteriosa y extraordinaria que cuando abre los brazos recibe todo, como un cuerpo que más que cambiar por fuera, prefiere modificarse por dentro. Lo novedoso de la liturgia, entonces, parece eso: abrir las puertas de la percepción a biografías que tal vez no reparen en lo que se celebraba ese mismo día hace 33 años porque están demasiado ocupados en celebrar su propio y festivo ingreso a la política. Su propio 11 de marzo.

Primera vez. “Cómo están los pibes, eh”, reflexiona un hombre de cuarenta y tantos, manos curtidas y remera de Foetra. El rostro apabullado parece menos percudido por el calor que por la visión de un estadio repleto donde el promedio de edad tira poderosamente hacia abajo. Resulta inevitable pensar que de eso se trata el tan mentado florecimiento de las mil flores: militantes históricos, ya sea del sindicalismo o del brazo que se resignó hace décadas a marchar en soledad, gente de la columna vertebral del peronismo y gente que le tocó ser a ellos mismos la nueva militancia pero veinte años atrás, reunidos ante el asombro y la alegría de ver a sus hijos correteando en el pasto y las gradas de un estadio al taco. Pero corretear, acá, no es sinónimo de compañía pasiva o travesura infantil: se trata de una presencia que viene a reclamar su derecho a la apropiación del mito. “Vinimos por Néstor y Cristina, porque por primera vez tenemos un proyecto que nos pertenece”, declama una chica que lleva el rostro de la Presidenta en la espalda, sobre el lema “BanKando a Cristina”, y cuyas facciones invitan a reflexionar qué quiere decir primera vez para alguien que apenas supera los veinticinco y que en el 2003, probablemente, estuviera debutando en el sufragio universal. Ocho años: sólo ocho años pasaron desde que la política pasó de ser una obligación instituida en las clases de Educación Cívica del secundario a una obsesión que decora las habitaciones, las remeras y los días de miles y miles de jóvenes.
Y desde abajo, cuando terminó la entonación protocolar de un himno nacional cantado hasta donde no tiene letra (el público argentino tiene el privilegio de saber cantar hasta la sección instrumental de cualquier hit) y la Presidenta se paró frente al micrófono apenas pasadas las siete de la tarde (“Florencia me pidió que fuera puntual porque hace mucho calor”, diría) empezó lo que parecía, pese a la multitud, una reunión familiar. Es que Cristina marca todo el tiempo a la juventud como su interlocutor: ustedes ahora, y yo cuando era como ustedes. Continuidad y ruptura, tradición y futuro, y en el medio la palabra Cámpora con un pie en cada mundo. El viernes, además, Cristina les hablaba efectivamente a sus hijos Máximo y Florencia, que encabezaron la columna de la juventud y entraron al estadio con todos. Militancia y alegría, términos que vivieron separados durante mucho tiempo y cuya unidad comenzó a proclamarse como imprescindible en los últimos años. Muchos –aunque muchos también sabían que está en el gen del kirchnerismo no mostrar las cartas hasta el último momento– querían escuchar la palabra reelección de boca de la Presidenta pero la mayoría había ido ahí para cumplir un festivo y visceral ritual de unidad. El discurso de la Presidenta, teñido de un llamado a la construcción, al empuje y a no bajar los brazos porque hay que seguir teniéndolos abiertos para recibir a lo que todavía queda por llegar, fue el acto principal de una fiesta más grande que incluía batucadas, botellas cortadas a la mitad llenas de esa fresca ambrosía llamada sangría, y besos y risas y poses para las fotos que a las pocas horas llenarían los muros de Facebook de etiquetas compañeras. Muros como el de Julieta, de 18, que el viernes puso: “Todos a Huracán a bancar el proyecto nacional y popular”. Lo potente de ese episodio, y tal vez lo que dibuje mejor que nada el clima de estos meses, es que Julieta vive en un barrio de clase media del conurbano, que acaba de terminar la secundaria en un colegio privado de la zona, y que la política durante todos estos años pasó más bien lejos de la cena familiar. Pero algo de la época la encendió, algo que es un arcano indescifrable pero con consecuencias contundentes que hicieron que Julieta combinara tren y colectivo con cuatro amigos, también de su barrio y con historias similares, y se entregara a la fiesta militante de Huracán. Julieta es la segunda vez que va a un acto masivo en su vida. La primera vez fue cuando fue a llorar a Néstor.

Ni un camino sin andar. El discurso, corto, contundente y emotivo, terminó como terminan los buenos actos políticos: dejando flotar en el aire las voces de los oradores, el sentido de sus palabras, y dando paso a la música que siempre es el soundtrack interno de las desconcentraciones. Pero inclusive ahí también, en el orden de las canciones de cierre, hubo una línea de tiempo y de referencias que surcó el denso aire estival para darle la razón a la Presidenta cuando pidió que no se enrrosquen en discusiones bizantinas. El primer tema, la marcha de Hugo del Carril, sonó como un mandato litúrgico que, si bien fue entonada por todos, parecía bullir en el mercurio de un termómetro simbólico y estético que le queda lejos a esos militantes que seguían en el pasto, bailando como figuras fosforescentes en su propio verano del amor. Una canción para las gargantas de los mayores que emprendían la vuelta a casa pero una introducción a los himnos del corazón de aquellos que no se querían ir y por eso se quedaron cantando su ritual generacional: Los Piojos, la inevitable Juguetes Perdidos de los Redondos, inclusive Tu amor de Charly y Aznar como prueba de que la militancia es también hija de esa canción de todos, más cercana en el tiempo y más acorde a la flexibilidad de una mochila sin peso, que supo surcar el largo florecer de la primavera democrática.
La salida fue menos organizada pero no menos fervorosa que la llegada. Los últimos en irse siguieron cantando y flameando banderas hasta que llegaron a la boca del subte, al local de Caseros, a la parada del colectivo o a las míticas parrillas del barrio como si su presencia no fuera algo que termina cuando se apagan las luces que la hacen visible. A fin de cuentas, algunos estaban ahí para decir que estaban, otros muchos para agradecer porque podían estar y todos para confirmar que seguirán estando un buen rato más.